Sin prisa


Este exceso de energía logra que ahora baile todos los días y duerma menos, cada mañana a las 5:30 ya estoy lista para volverme una con el día aunque el sol ni siquiera dé señales de que viene en camino. Hoy me tocó cita en Nutrición para análisis y cita médica, presión perfecta, pierna deshinchada, niveles increíbles, los veo y parpadeo varias veces antes de creerlos.

Ayer hace un mes que regresé de Ohio y el cambio de vida es asombroso, no es nada sutil y sí muy profundo, ese órgano pequeñito que cabe en una mano y llegó en una caja desde Wisconsin me está dando un tiempo exquisitamente hermoso. Cada tanto veo el video donde lo conectan, donde mi sangre lo recorre y le devuelve el color con la misma contundencia con la que él me está devolviendo la felicidad de sentir una libertad muy mía. Cuando me cuesta trabajo creer que estamos ahí, kidnecito y yo cada día más compenetrados, acaricio el dije que me regaló Yuyi y mi cicatriz y agradezco con cada temor, con cada duda, con cada segundo sin sed. 

Quiero ir lo más ligera posible por el mundo, por eso limpio mi clóset, me deshago de lo que ya no necesito, rompo los papeles, las facturas de hemodiálisis, de los análisis de cada mes, en esta segunda versión mía quiero quedarme solo con lo esencial. Lo mismo pasa con la alacena, con el estudio, con los archivos de mi compu, con los afectos, me quedo solo con lo sano en todos los renglones de mi vida.

Dedico horas a despejar cada rincón para que la reinvención encuentre su sentido, también a leer, a editar el poemario de la sed, a consentir el cuerpo y a fluir. De a poco voy entendiendo que esta soy yo, me tomo todo el tiempo necesario para reconocerme, para escuchar lo que cada dolor por mínimo tiene que decirme, para volver el ritual de las pastillas un momento para pactar tres veces al día con mi nuevo órgano, aliarnos y transitar de la mano, acompañados para ir no más lejos que solo el ahora, este ahora que me tiene absolutamente enamorada y que me entrena en deshacerme de la prisa.

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El regreso


El viernes fue mi última consulta en el Hospital de la Universidad de Toledo, después tuvimos una hermosa fiesta para celebrar mi cumpleaños y el de Susan Rees, esposa de Michael y quien coordinó todo lo relacionado con mi riñón y con los otros riñones de la cadena. El de ella fue el 20 y el mío el 22, que era justo el día de mi regreso. Así recibí este aniversario bailando junto a la dulzura del río, bebiendo sin culpa y dejando que la sed repose.
 
El sábado me tocó ver el amanecer en el aeropuerto y cuando subimos al avión de pronto tuve la urgencia de ir a hacer chis y supe que el deseo más profundo había sido concedido: tenía un riñón que se encargaría de deshacerse del agua y las toxinas, ¿qué más podía pedir? Que se quedara muchos muchos años conmigo.
 
Lo mejor de aterrizar, de volver, es el encuentro con los míos, llenar de besos a mi sobrina Constanza, abrazar a mi mamá y a mi hermano, vernos a los ojos y saber que cambiamos la historia, que este final feliz nos pertenece, y aunque yo nunca podré devolverle el riñón perdido a mi hermano, la única manera que hallo para resarcirlo es que él disfrute conmigo este compromiso con la vida.
 
Esa tarde partimos un pastel con amigos cercanos y familia. La verdad es que en Toledo hice una vida normal, la mayor parte del tiempo sin cubrebocas, de cena en cena, todos sabían que estaba inmunosuprimida, es decir que había noqueado mis defensas con medicamentos para que el sistema inmune no rechace el nuevo órgano.
 
 
Ese sábado de un cumpleaños diferente, plenísimo, celebrando la vida al máximo, de pronto uno de mis amigos llegó con cubrebocas porque había tenido gripe, la verdad me desconcerté cuando lo escuché toser, tuve un miedo nuevo, que no conocía, me sentí en riesgo y no sabía cómo decirle que prefería que se fuera, se enfrentaban el deber ser con el cariño, claro que me daba gusto verlo, que quería celebrar con él pero por otro lado quería salir corriendo de mi casa porque una gripa me pone en un riesgo mayúsculo.
 
Esa noche lo pensé muchísimo, descubrí que aquí no voy a poder hacer la vida que hice en Ohio, tan solo por el volumen de gente que hay en todos lados, allá no había casi nadie en las tiendas, aquí a cualquier hora hay mucha gente y aún me quedan dos meses de cuidados extremos. También llegué a la conclusión de que la próxima vez que no me sienta cómoda porque alguien aún enfermo decidió venir a verme, me morderé la pena y le pediré con todo el amor de mi corazón que me visite cuando sane, porque si bien no tengo control sobre mis idas al hospital o las tiendas, sí lo tengo sobre mi casa. Y quedan poco más de 60 días para que pueda ser un poco más normal, con mi llegada se rompió el espejismo, esta es mi realidad y la asumo y la navego de la mejor manera.
 
Este tiempo fuera tenía la sensación de estar dentro de un sueño, no sabía ni qué día era y las idas al hospital eran tan amables que tenían ese toque de irrealidad, pero lo mejor del regreso es volver a los lugares de siempre y entonces confirmar que sí pasó. El lunes me desperté a las 5 como todos los lunes de hemodiálisis, era como si mi cuerpo al estar en México volviera a su rutina, fui al baño medio dormida, me vi en el espejo y automáticamente pensé cuántos litros me sacarán hoy, de repente terminé de despertar cuando descubrí que era libre, que no tenía que ir a hemodiálisis ni ese lunes, ni el miércoles ni el viernes mientras kidnecito haga lo suyo. Y bailé y reí y supe que mi felicidad es líquida.
 

Ser del agua

En estos días las horas se han trastocado, estoy en un huso horario distinto y por primera vez en cinco años paso más de tres días en un país distinto al mío. Dos sesiones de hemodiálisis en otra lengua, explicándoles que mi presión baja es normal, el nefrólogo de hemodiálisis se asusta y solo me saca 1 litro sin consultarme, Michael tendrá que hablar y decirles pero el lunes tendrán que sacarme todo, ante mi frustracción, Michael me dice solo te quedan dos sesiones más y ya, cuando lo escucho, se me estremece el cuerpo, va a suceder y saldrá bien dice mi voz más profunda.

Y entonces me arropo en la generosidad que he tenido el privilegio de disfrutar en este tiempo, en la confianza con que mucha gente ha apostado que tendré mi riñón. Falta una última prueba con el cardiólogo, porque algo raro mostró mi corazón, pero yo creo que entre lunes o martes, mi corazón dirá estamos listos e iremos al encuentro de ese órgano tan esperado.

Mientras el agua y yo tenemos un amorío a distancia. Estoy en casa de Chuck y Katie, una pareja que abrió su hogar para hospedarnos a mí y a Yuyi solo porque cree en hacer el bien, porque cree en un dios capaz de hacer lo imposible y porque el pastor de la iglesia donde va Susan, la esposa de Michael Rees, les preguntó si nos podía alojar y dijeron que sí. Es un lugar hermoso, rodeado de agua, dulcísima. Katie dice que no puede vivir lejos del agua y yo la entiendo tan bien.

Antes de cada comida, ellos agradecen, por todo lo que tienen y piden por nosotras, cada vez que nos tomamos de la mano, ese ritual tan pequeñito, se vuelve muy significativo para mí, es la confirmación de que nada puede salir mal esta vez. Ahora al tiempo que tecleo escucho los pájaros y veo deslizarse suavemente el agua sobre el horizonte, me muestra el camino…

Estoy abierta, estoy lista, pero sobre todas las cosas, estoy llena de agradecimiento, entregada a lo que viene. Michael dice que el jueves tendré que beber tres litros de agua, me emociono solo de pensarlo. Estoy tan cerca de dejar esta sed. De mudarme de la insuficiencia. Gracias por ser mi soporte, mi aliento, mi inspiración, allá vamos.

Nosotros

Y de repente me di cuenta que este trasplante lo esperamos desde 1982, cuando aún no existían los mecanismos para mantener a Mario papá en la vida. Este fin de semana mientras iba rumbo a Xalapa para la reunión familiar donde Yuyi y yo les explicaríamos a nuestra familia cómo funciona la cadena de trasplantes y cómo el acto de amor no solo nos alcanza a Yuyi y a mí sino a todos nosotros, pensé que si esta opción de donante no compatible hubiera existido mi papá hubiese conseguido un riñón y podría haber intentado quedarse en la vida, porque estaba segura que alguno de mis tíos hubiese estado dispuesto a dar su órgano y volvía a estremecerme el privilegio de ser pionera de este programa.

Nos reunimos para crear una red amorosa y fuerte donde Yuyi y yo pudiéramos ser resguardadas en este salto que vamos a dar. Ella y yo hablamos mucho de cómo esta donación puede suceder porque nuestros abuelos se amaron lo suficiente para crear hijos con lazos tan sólidos que logran hermanarnos a nosotras. Y también de cómo nuestros hermanos menores (Ray y Mario) fueron los primeros en estar dispuestos a darse, completamente, y así estamos todos tomados de las manos, con los corazones enlazados para atravesar como clan esto que viene, que es la lección más hermosa y sanadora que como familia estamos entregados a vivir.

Una tarde catártica, donde los duelos tomaron sentido, y la misión parece tan cierta. Yuyi diseñó una camisa hermosa con un riñón que dice usado y oficialmente este fue el banderazo de salida. 

Llovió toda la tarde, fuimos agua todos nosotros, agua para calmar la sed más añeja, agua para lograr limpiar todas las dudas, agua de esa que con fuerza encuentra el cauce para llegar al destino. Y aquí estamos contando los días, las horas, seguros en que estamos haciendo lo que corresponde, yo feliz de ir tan acompañada. Agradecida por sobre todas las cosas de que ya se vea el puerto en el horizonte.

¿Y la sed?


Desaparece cuando son los días los que se van como agua, vuelvo a la escritura para dar fe de esto que sucede. Cuando la esperanza se materializó la ansiedad desapareció y con ella la sed. Hemos pactado para atravesar sin apuro por esta etapa trasparente y plena.

Voy sintiendo el asomo de mi estación favorita, yo solo podía renacer en otoño, esa es mi primavera. Me doy baños largos y caminatas también, hago espacio para ver a los amigos, y canto en voz no tan bajita. Esta mañana la clínica de hemodiálisis está sobre poblada pero no hay mal humor ni agobio porque estoy a nueve sesiones de cambiar el destino.

La báscula muestra la ausencia de la sed, estoy liviana y la felicidad no pesa. Qué lindo se siente estar esperanzada, estoy dispuesta a gozar al máximo el preámbulo. Estos son los días amables y yo me extiendo completa sobre ellos. 

Un taller de palabras


Regreso de Veracruz después de cinco días distintos, de aprendizaje, de olvidar la sed para concentrarme en compartir cómo la escritura ha sido la herramienta más valiosa para atravesar los días espesos y para guardar los días transparentes.
 
Como parte de la beca que tengo del Pecda tenía que dar un taller como retribución social, alguna vez di un taller de creación literaria para niños, pero hace mil años y no estaba muy convencida de qué hacerlo, hasta que pensé en trabajar con el formato del diario, porque estoy convencida que todos tenemos una historia que contar así que lo llamé Tú eres tu historia, primero iba a ser en Teocelo pero al final se cambió al puerto de Veracruz y aunque yo había dicho que no importaba la edad, lanzaron la convocatoria solo para adolescentes en el Centro Veracruzano de las Artes.
 
Todo se trataba de trabajar con la escritura como lugar de refugio, como máquina del tiempo, pero también como herramienta que sirve para nombrar lo que tememos y desde ahí convertir los miedos en algo más dulce y más suave. Trabajamos con los sueños, con los deseos, con la infancia, con el futuro, con la magia, viajamos, jugamos, nos vimos desde afuera y desde dentro, desde lo más profundo y también lo más lejano. Mi parte favorita fue cuando hicimos un amuleto de palabras, porque llevar escritos los deseos más íntimos solo puede traer cosas lindas.
 
Fue un trabajo de equipo intenso, con un grupo que se abría y entonces la magia sucedía. Fue como regresar a tener 15 años cuando todavía vivía en Veracruz y poderme dar todo eso que iba a necesitar para cuando la vida se complicara un poco, solo un poco. Encontrar esa entrega a quedarse en silencio, concentrados en escribir fue saber que más allá de las balaceras, de las maletas negras, de los políticos que saquearon nuestro estado, en este salón donde más de 10 se enfocaban en crear ocurría un Veracruz muy distinto y luminoso y que por unas horas estaba a salvo, mientras los veía mover sus lápices algo en mí se sosegaba y bailaba de alegría. Gracias por esto a cada uno de los que apostaron por aventurarse en esta historia, ahora nuestra.
 
Y claro todo esto no hubiera ocurrido sin este diario, gracias a la sed y a la insuficiencia, mi relación con la escritura también cambió, ya no tiene que ser perfecta, ni elitista, para que cumpla su función, solo me basta con saber que me desea tanto como yo a ella y que juntas cumplimos con la misión de hacer este caminar mucho más amable.
 
Semana en que la espera ya no agota porque la mirada está acompañada, porque el cuerpo está lleno de gratitud para mis cómplices de este taller de palabras.
 
 

Y seguimos…


Un día como hoy hace cinco años llegó el diagnóstico, esta mañana mientras camino por Reforma después de ir a renovar mi visa para Estados Unidos, me asombra como mi cuerpo también se ha renovado en este tiempo, como el binomio de máquina y autocuidado han sido mi visado para atravesar este tiempo.

Este día es perfecto, me gusta este aquí y este ahora al que pude llegar después del desconcierto que trajo el cambio de vida.

Hace como tres semanas en la esquina de la oficina apareció una publicidad con un hombre que me recordaba a mi papá, iba en el auto y de repente sentía esa presencia y luego hoyo en la panza. Hasta apenas el jueves pasado le tomé foto para enseñarles a mi mamá y a Mar y vieran si estaba alucinando, Mar me habló y me dijo que era igualito (claro versión anglosajona). Cuando estuve en Veracruz quería hacer un ritual de despedida para Mario, hacer un barquito de papel con el poema de la Voz del padre y dejarlo ir, pero no tuve tiempo. Luego regresé a esta ciudad enorme y cada mañana me encontraba con la mirada que me hacía sentirlo tan ahí. Mar dijo que no tenía que despedirlo, que fuera a donde fuera él siempre sería parte de mí. Me quedé en paz con esa explicación.

Y asumí que mi amor por él no es menos ni lo traiciono si tomo un camino diferente al suyo. Seguimos paso a paso reuniendo los análisis y lo que sea necesario para que busquen un riñón compatible para mí en Estados Unidos, gracias a Rejuvenate Healthcare. Pienso en el equilibrio, en cuánto hemos avanzado en estos cinco años, en la gratitud enorme a este organismo que me tocó, que pase lo que pase, vuelve a encontrar la manera.

Paso frente a donde estaba el anuncio y Mario ya no está, en su lugar hay una mujer frente a un nuevo camino, vamos a hacia allá con paso firme, no hay miedo, solo la determinación de IR hacia el encuentro.