Poliamor renal

Ayer se cumplieron siete semanas desde el trasplante. Tuve cita médica y los niveles siguen increíbles, creatinina en .7, hemoglobina en 11 y después de un fin de semana en mi puerto donde los mariscos, frijoles y plátanos fueron la comida preferida. Las únicas dos cosas que están haciendo ruido es que mi pierna izquierda ha estado hinchándose y que mi presión arterial ha estado un poco alta. Ambas cosas tienen explicación. La primera es secuela de la trombosis que tuve en 2014 y que cada cierto tiempo regresa. Y la segunda es consecuencia de mi kit de medicinas. Pero estos cinco años de intimidad absoluta con mi cuerpo, me dicen por dónde hay qué seguir, hoy caminata de 20 minutos, agua de alpiste y mucha cebolla para ayudarlo a encontrar el equilibrio.

Este fue un fin de semana de reencuentros, mi primer viaje a mi puerto, pero además iba acompañada de mi nueva familia renal (mi doctor Rees y Su, su esposa y mi maga de los riñones, Katie y Chuck, quienes acompañaron mi renacer junto al río, mi doctor Dib Kuri y Coquis, su esposa, quienes han estado conmigo en los trayectos complicados y ahora en los felices). Fue muy lindo tener a todos juntos, la familia que me fue dada por el lugar de nacimiento y la familia en la que fui recibida en este renacer de la mano de kidnecito.

Bailamos todos juntos para celebrar el cumpleaños de Yuyi, la vida, el final de la sed. En este lugar no existen fronteras, el lenguaje es el del amor y ahí estábamos todos. Yuyi me regaló un dije con forma de riñón y un corazón al centro con la fecha de mi trasplante grabada en él, lo amé, es el símbolo de que a pesar de lo oscuro que pueda parecer el camino los finales felices existen, lo acaricio y la confianza se vuelve algo palpable.

Celebro y aprendo de esta nueva etapa, cambié la lectura de los análisis de diálisis por los de postrasplante, lo que antes estaba fuera de rango o bajo ahora está en niveles, mi lectura ahora se concentra en cómo se comportan los rangos de inmunosupresión. Los riñones de nacimiento me han dado tanto, la posibilidad de crecer cómo nunca hubiese pensado, de conocer a fondo mis órganos, mi piel, mis pausas y de cómo no temer a la vulnerabilidad. Así este jueves de agradecer con mis tres riñones este poliamor renal.

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