El sexto mes


Si tuviera que escoger un color para este año creo que escogería amarillo. Vamos a la mitad y ya es uno de los mejores, lleno de asombros, encuentros, cosas concretándose, equilibrio y sentirme bien la mayor parte del tiempo. Y sí ha habido días en que me confío, en que está tan buena esta racha que dejo de contar los militros de cada vaso que se me atraviesa, que pido una cerveza sin culpa cuando es una noche con los amigos y la saboreo y pago casi gustosa la factura en mi sesión de hemo, mientras no haya calambres e hipotensión puedo soportar un poco de dolor de cabeza y la falta de aire, esta semana los desvelos se compensaron con el shot de oxígeno cortesía de la clínica.

Estoy a unos días de cumplir cinco años con el diagnóstico y cada vez se pone mejor. La semana pasada compramos un teléfono nuevo para esperar la llamada. No hay prisa porque ahora más que nunca he entendido que, como dicen las abuelitas, “todo llega en el momento justo”. La ansiedad ahora es por otras razones, el próximo jueves es la presentación en mi puerto de Marherido, el libro viejito que por fin salió este año, y me da una mezcla de emoción con miedo. 

Camino de puntitas al encuentro, dispuesta y muy contenta, el viaje se asoma y el buen humor hace que mis horas de sueño se llenen de frases, ideas, sorpresas, intuiciones y ganas de beberme el mundo, ah, sí, la sed me sigue como perro fiel, pero la acaricio y de tanto en tanto pactamos.

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