Soltar

El fin de semana antepasado volvió el malestar, lo excesivo, litros y litros de agua metiéndole el pie a mi respiración, me prometo volver al buen camino, pero con eso de que soy bebedora social me cuesta… Pensar en una cena con amigas o una comida en casa, se empaña cuando lo líquido me guiña el ojo, me coquetea e inevitablemente me seduce. Reconozco cuando se me va el control de las manos, que hay días en que el equilibrio vuelve a ser la tierra prometida y no el sitio que habito. Me abrazo a los fetiches, la ventaja de no estar en la zona de confort es que la escritura siempre me espera para acurrucarme.

El domingo decido cortarme aún más el cabello, como si con quitarle peso a la cabeza, pudiera recuperar la ligereza. Sigo preocupada por mi fístula, dos moretones pequeñitos e Iván, el enfermero de mi isla, dice que nada pasa, yo extravíe la confianza entre tanto ir y venir de la clínica y solo espero la contestación de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico para ampararme. Estoy como este día, donde la lluvia se siente pero no termina de precipitarse, siento que todo está a punto pero no termina de caer, siento el aire abrazar mi nuca y entonces sé que cada vez falta menos.

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