El monopolio de la enfermedad 

  
Esta mañana se me hizo 10 minutos tarde para mi sesión de hemodiálisis, llegué un poco tarde. Nadie me avisó que me quitarían tiempo de tratamiento, pasó el doctor y nada. Después me dice la enfermera que me habían quitado media hora, de mis tres horas y media. Por un segundo dije “bueno salgo mucho antes”, pero luego pensé que eso subiría mi taza de ultrafiltrado y me pondría en riesgo de que se bajara la presión y además nadie me había avisado antes, se pasaron por el arco del triunfo mi derecho a estar informado.

Es tan cansado exigir lo mínimo. Es desesperanzador estar atrapado en el monopolio de la salud. Trabajo solo para pagar mis sesiones y ¿es pecado pedir lo mínimo? Que me informen.

Las cosas van de mal en peor. La tele no se ve, los descansabrazos de los reposets están sucios, quitaron los cobertores, todo esto no cambia mi tratamiento pero vuelve la isla hostil. Hubo cambios en la empresa y se han ido muchos enfermeros. Ufff y la sensación de naufragio crece.

El doctor, que me cae bien, me pone ejemplos muy desafortunados para rebatir cuando yo le digo que los pacientes estamos en desventaja como consumidores de servicios médicos. Me dice que en EU tiene televisión cada paciente pero que pagan 300 dólares, pero que los doctores y las enfermeras tienen un trato impersonal. Y eso qué, no hay dinero que compre un buen servicio sino hay opciones, de nada serviría sacarme la lotería, este es el monopolio de la enfermedad.

Ellos exigen que llegue temprano pero yo no puedo pedirles que me conecte el mismo enfermero que es el que cuida mi fístula, ni que haya el servicio de nutrición que Fresenius Medical Care dice que ofrece en su página y aquí ya no hay más, ni que los reposets estén limpios, ni que la terminal para cobro funcione… Y el doctor me dice que nada me obliga a estar aquí y tiene razón, asumo la responsabilidad de elegir esta clínica y se me inundan los ojos, no hay opción. Se me cuela el recuerdo de la clínica pequeñita de Veracruz del doctor Salas y queda un rayito de esperanza, ahí el paciente como el cliente tiene la razón.

Al final me dieron el tiempo completo, pero quedo cansada y triste. Coqueteo con arrepentirme del reclamo, dudo si esto es lo correcto… Me acuerdo que por lo que peleo es mi salud y entonces no hay espacio para el titubeo.

Afuera el sol vuelve todo más trasparente, me faltan tres minutos para dejar la isla y que me sean dados tres días donde reine muchas cosas más que el monopolio, a pesar de ellos, no les pertenezco.

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