La impotencia (segunda parte)



Hoy es cumpleaños del doctor Guadarrama y en Fresenius les dan el día, entonces como no iba a venir a la clínica, le pedí el lunes que dejara puesto en mi hoja mi nuevo peso seco, ese que he logrado de a poco a poco con ejercicio y comiendo sano, porque sabía que si él no estaba la doctora iba a aprovechar para vengarse.

Al doctor Guadarrama se le olvidó y en mi hoja aparece el peso con medio kilo más, entonces la doctora Oyuki aprovecha el olvido y lo toma de estandarte para decir que sacará medio kilo menos de agua. Ni siquiera sube a verme, da las indicaciones vía teléfono. Yo me niego a que me conecten si me van a dejar agua, pago 1586 pesos por sesión, y me enoja muchísimo pagar por una donde me van a dejar 500 mililitros. 

Estoy sola en la isla, a merced de alguien que busca ejercer su poder a cualquier precio sin importar la salud de sus pacientes, que no escucha más que su ego herido.

Le marco al doctor Correa, está en Washington y no puede ayudarme. Estoy a merced de los resentimientos y cosas sin resolver de una doctora carente de madurez emocional. Temo por las sesiones por venir.

 Es triste porque hubo una época en que ella se instalaba a platicar a mi lado, me pasaba información sobre la insuficiencia, era amable conmigo, pero al mismo tiempo también la vi ser despectiva y tirana con otros pacientes, creí que no me tocaría pero ahora estoy ahí. ¿Qué cambió? Aún no tengo respuesta para esa pregunta, solo sé que hay gente así que maltrata por el puro placer de hacerlo y se ensaña con los que cree débiles. 

Entiendo que los doctores son seres humanos pero al trabajar con algo tan precioso como es la vida deberían tener asesores emocionales que los ayudaran a canalizar carencias y resentimientos de tal forma que los pacientes no fuéramos el receptor de sus frustraciones.

¿Cómo se puede ayudar a otros si la salud mental está ausente? ¿Si el enojo nos amaga de tal forma que no importa poner en riesgo al otro? 

 No hubo forma de que la doctora aceptara, me conectaron 40 minutos tarde y solo porque el doctor Guadarrama aceptó venir en su cumple solo a revisarme a mí. Me da mucha pena con él pero al final yo quedé en medio de un problema de comunicación médica de la que no soy responsable. 

 Mientras espero, les pregunto si no hay una hoja que pueda firmar donde me hago responsable, me dicen que no, que solo la doctora puede firmar. La impotencia lo llena todo, no puedo escapar, ella ni siquiera da la cara, no puedo salir corriendo a otra clínica, hoy el doctor Guadarrama intervino y me rescató, pero me aterra pensar que lo que pase en mi sesión está en manos de alguien como la doctora, que ya hizo del desencuentro algo personal. 

 Me siento atrapada, en desventaja y la única salida que tengo a la mano es escribir, teclear para alejar los miedos y encontrar amparo en este diario.

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