El largo aliento

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He asumido que a esta que soy no la define ni una enfermedad, ni un trabajo, ni las circunstancias, ni las carencias, ni los excesos, ni lo que puedo y lo que lo que no puedo, sino una colección aún más grande e inasible de memorias y deseos.

Aunque es cierto que conocer gente nueva y hablar de la insuficiencia no es algo que me haga sentir del todo cómoda, es como si la olvidara hasta que tengo que explicarla con pelos y señas a alguien ajeno a mi día a día.

El lunes había quedado de ver a la amiga de un amigo que quería ofrecerme un proyecto y lo había pospuesto durante varios meses, en realidad quería venderme un seguro (de vida, de salud, para fondos de ahorros), así que quedamos en un café y empezó planteándome que lo primero era ver mi plan de vida. Y hacía una serie de preguntas que me resultaban tan lejanas: como qué quería tener, si sabía que quería dejarle a mi mamá o hijos, que qué bienes deseo, si tengo aspiraciones de tener casa o qué voy a hacer cuando me retire, a qué edad me quiero jubilar y qué nivel de vida quiero.

La dejé que siguiera su interrogatorio y entonces le dije que no me interesaba dejar nada, que me sentía plena con lo que tengo y que lo único relevante para mí era ahorrar para pagar mi trasplante. Sus ojos se abrieron como platos y se humedecieron, tuve casi que consolarla, decirle que todo estaba bien para mí, que no tendría hijos y por lo tanto no me desvelaba pensar en herencias y esas cosas…

Mi cotidianidad implica ir a una máquina tres veces a la semana, tres horas y media, pero para mí es tan normal como aquellos que dedican ese tiempo a estar en el gimnasio ejercitando el cuerpo, pero me sigue costando ver “esa mirada” en los otros, yo no soy esa sombra que atraviesa cuando se habla de enfermedad, soy el lado vital y sano de quienes seguimos intentándolo todo para anclarnos y disfrutar el presente.

La insuficiencia me ha regalado estar en cada respiración, la conciencia de cada parte de mi cuerpo, la dedicación a los planes a corto plazo, una percepción única del tiempo, el acompasamiento a los vaivenes, la improvisación, la alegría de saberme…

Así este jueves en que una ensalada de zanahoria, betabel, pasitas y cilantro me aguarda y un jugo de manzana y pera hace de la sed un juego de niños.

Y entonces hago de la adaptación mi bien más preciado, me despido de los planes de largo aliento y sacudo los fantasmas del futuro mientras presumo saberme desbordada de instantes, de todo tipo, deliciosos, agridulces, tenues, intensos, inmensamente míos.

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Un pensamiento en “El largo aliento

  1. Te mando un abrazo, describes tan bien el sentimiento de muchos…. No me atrevo a decirte palabras como puede ser “ánimo” porque sé que lo tienes…Todos los enfermos renales lo tenemos desde el minuto 1. Solo eso…te mando un gran abrazo…..sigue así.

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