Domingo

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Salgo de casa antes que el sol asome, este domingo es atípico, tengo sesión de hemodiálisis.

Estas fechas me confrontan, la insuficiencia muestra con mayor contundencia sus limitaciones: dedicarle más horas a los encuentros con la máquina para que los días cuadren con el descanso obligado de médicos y enfermeras, brindar con agua o con el vaso lleno de hielos, no olvidar la cantidad de sustancias prohibidas que hay en la cena…

Estar atenta y ejercitar el autocuidado, escuchar al cuerpo. Justo antes de que termine el año en la isla aumentan los pacientes hospitalizados y muchos ya no regresan, veo el lugar frente a mi máquina, doña Alicia tiene dos semanas sin conectarse, pregunto, pero nadie sabe qué pasó.

Así este amanecer donde el cansancio se va por una de mis líneas (las toxinas abandonan este cuerpo que no es suyo) y la vitalidad regresa por la otra, en que me emociona sentir la vida mientras la claridad se impone y me acompaña la escritura, entonces me sé que mi fortuna son estas horas robadas al sueño.

En la televisión de la clínica pasan una película de rumberas y yo aprovecho para escaparme en la memoria del baile de anoche y el recuerdo del cariño de los amigos, entiendo entonces que vale la pena piquetes y desmañanadas si al final la recompensa es seguir…

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