Desde afuera

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Escribo en la antesala a mi consulta en nefrología del Hospital de Nutrición, un escalón más en el protocolo de trasplante.

Al entrar me topo con el doctor, súper joven, que cuando estuve hospitalizada iba a revisar todas las mañanas que mis piernas estuvieran bien, a las 6 o antes entraba al cuarto, él me despertaba y apenas hablaba conmigo. Hubo días en que me revisaba sin cruzar conmigo una sola palabra. Así que fue curioso que hoy él se acercara a saludarme y preguntarme cómo estaba, cómo iba… Estar fuera del hospital me humanizaba, recuperaba mi voz.

El domingo fui a visitar a alguien muy querido a Médica Sur, Cuau me acompañó, al entrar me sentí perdida, caminé hacia el elevador para camillas, me parecía absurdo no reconocer esos pasillos donde tantas veces había estado, mientras que Cuau conocía cada recoveco, de repente nos dimos cuenta que yo solía entrar en silla de ruedas o en camilla, y esas barreras que parecían infranqueables cuando estaba hospitalizada (guardias) y quería escapar ahora no existían.

El mundo de afuera se vuelve generoso cuando se contrasta con los días de encierro. Voy y vengo a mis consultas por mi propio pie y cada paso dado sabe a gloria, las dolencias palidecen mientras la libertad se impone.

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