Contrastes

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Esta mañana cuando llegué a hemodiálisis, la máquina de Vale estaba ocupada, un señor estaba ahí, debió ser la costumbre, una suerte de inercia, cuando me di cuenta ya estaba en gran plática con mi nuevo vecino.

Su nombre: Pablo, mi nombre favorito. Don Pablo había venido a esta sesión muy temprano porque salía de vacaciones a Cancún con su familia, sonreí, le conté que yo también volaba a Cancún, aunque mi destino era Tulum, saliendo de la sesión, compartimos la emoción de alejarnos de la máquina y ver el mar, pero también los temores, la promesa de no beber agua ni comer mariscos.

Me contó que lleva 15 años en hemodiálisis, que le parece muy riesgoso intentar un trasplante, que él se siente bien con su tratamiento, mientras me decía eso, yo lo observaba, lo único que delataba cierta condición de fragilidad eran las líneas que llevaban su sangre a la máquina para ser depurada, todo lo demás era “normal” en él.

Avanzaba la sesión y yo pensaba en las maneras curiosas que tiene de aparecer la esperanza, Valeria y don Pablo habían recorrido dos caminos diferentes pero para mí, ambos me reconciliaban.

Escribo en el último tramo de carretera que me separa de mi destino. El viaje me costó trabajo porque me duele la garganta y la sesión de hoy al final fue de las peores en mucho tiempo. Cuando vea el mar volverán a volverse aún más nítidas las razones para seguir mientras me deleito contemplando los contrastes.

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