Trasplante y desplante

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Llego a mi sesión y me confirman el trasplante de Valeria, mi compañera de hemodiálisis, todo marcha pero siempre los primeros días son los complicados.

Veo su máquina vacía, esperándola aún, y si todo va bien ella y yo felizmente la extrañaremos. Se me estremece el cuerpo de alegría y la esperanza vuelve de agua mis ojos.

Para sobrevivir, después de mi trasplante fallido y las pruebas cruzadas que delatan anticuerpos listos para rechazar riñones, no me permito añorar un órgano nuevo ni siquiera intento imaginar cómo serían mis días si eso que no funciona pudiera cambiarse.

He asumido este presente y disfruto cada segundo al máximo, pero dejo de lado la posibilidad de ilusionarme para que la decepción no me hinque el diente.

Sin embargo, esta mañana Vale me da una gran lección, sin importar que tan cómoda esté con esta vida que me tocó hay que hacer lo que nos corresponde, hay que pelear esta batalla con disciplina y fuerza. Seguir avanzando aunque el miedo mal aconseje.

También en estos días edito la revista DeTrasplantes, ayer entrevisto a Ame, coordinadora de donación de órganos, me cuenta a detalle lo que sucede después de que una llamada avisa que hay un posible donante. Se me pone la piel chinita de saber lo que hay detrás, las horas dedicadas a sacar vida de la muerte, la entrega de todo un equipo para que un trasplante sea posible. No avanzo a la velocidad que quisiera en este proyecto porque me alcanza, me enfrenta a mis temores, me encoge el corazón, hace que las frases se me corten, tartamudeo y me tropiezo porque la ilusión me asusta, me paraliza.

Casi al final de la sesión recibo un mail descortés de trabajo, me enoja muchísimo, me descuido y viene el calambre, logro reponerme y al salir alguien me dice que Vale está grave (aunque no hay nada confirmado), esto me centra en lo prioritario, en lo afortunada que soy por estar viva, me prometo no desgastarme, no hay salario que justifique gastar el cuerpo en luchas inútiles, hay que dejar energía para lo realmente valioso y para mí hoy lo importante es mandarle todo lo bueno que hay en mí a Vale, para que salga triunfante de esta prueba.

Mañana será jueves y sé que las buenas noticias pronto aparecerán en mi camino.

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