Un error, el miedo, la impotencia…

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Miércoles de sesión imperfecta. Un error me conecta con el temor y la fragilidad. El enojo es la emoción que se deja ver cuando no estoy en control. Cuando llego a mi máquina hay un enfermero nuevo preparándola, de unas semanas para acá en Fresenius utilizan un nuevo filtro más poroso, teóricamente mejor porque retiene un mayor número de toxinas. Estefany, mi enfermera de siempre bromea y me dice que él me va a conectar, yo digo que bajo ninguna circunstancia. En ese momento pienso que de hecho no me gusta nada que sea él quien esté preparando la máquina, pero me digo que no debo ser tan control freak y que debo permitirlo (aunque algo en mi interior me diga que debo protestar, es aún muy temprano para hacerle caso a mi paranoia).

Estef me punciona, conecta las líneas y 40 minutos después el sistema se llena de aire, no saben que pasa, de repente descubre que dejaron abierta la solución salina, que al mismo tiempo en que tendrían que utrafiltrarme (sacarme agua) han estado pasando líquido, 300 militros de solución salina, y que al acabarse la solución empezó a llenarse de aire la línea porque dejaron abierto un conducto que debía estar cerrado, un error humano que le llaman.

Estoy furiosa, estoy en riesgo por un descuido, esa es mi peor pesadilla, me desconectan, ponen a recircular la sangre para sacar el aire (si entrara en mi cuerpo es peligroso), hay riesgo de coagulación y además en lugar de tener menos agua, ahora tengo los 300 mililitros de solución salina. No me queda claro quién cometió el error, pienso que fue a la hora de preparar la máquina, pero también Estef debió verificar que ese conducto estuviera cerrado, les pido que nadie más que quien me va a conectar sea quien prepare mi máquina, pienso que si una sola persona es responsable es menos factible que haya un descuido, pero en el fondo no es más suerte lo que determina una buena o mala sesión.

Me devasta que estas cosas sucedan, obvio no me pudieron sacar todo el líquido, tengo calambres y presión baja al final, me quedo lacia de cansancio, debo seguir pero el enojo desgasta y lo peor es no encontrar la manera de evitar que vuelva a suceder, yo puedo pedirles de mil maneras que lo chequen todo, pero estoy atada a esas líneas, no puedo comprobar por mi misma nada, solo confiar y después de incidentes como el de hoy me cuesta tanto trabajo.

Estef, mi enfermera, es de lo más responsable y aplicada, pero si hasta el mejor cazador se le va la liebre, qué se puede esperar. Quedo en silencio por casi una hora, no quiero pensar, no lo logro, al final decido volver a la plática, hacer como que nada pasa, mi corazón late de prisa y el cuerpo pide oxígeno. Así este miércoles en que la vulnerabilidad se instala como cielo nublado.

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