La paciente viajera

Mitad de una semana que el calificativo más tímido que puedo darle es atípica. He caminado en dos días más que en todo el año. Campus Party, el evento de tecnología más grande del mundo, me tiene enamorada y enloquecida. Llegó para enseñarme de paciencia, confianza y retos.

Cuando me fui al hospital pensé renunciar pero mi jefe apostó por esperarme y hoy aquí estoy, en una ciudad distinta, espantando los miedos de golpe y cierta de la nueva etapa.

Escribo desde la clínica de hemodiálisis en Guadalajara, cambiar mi rutina me robó el sueño, y ahora aquí, conectada sin contratiempos, con pocos litros encima, al centro de esta ciudad protagonista de varias de mis transiciones, me vuelvo ligera y me es devuelta parte de mi esencia: en mi gafete se lee paciente viajera.

Gladys es la enfermera que me puncionó, mano dulce y muy atenta. Las presiones son perfectas y siento mezcladas alegría, paz y un poco de cansancio.

Agradezco la piel curtida, mis piernas hábiles y que haya regresado la posibilidad de quedarme en un destino nuevo más allá de tres días.

Miércoles de darme permiso de soñar con ciudades nuevas o volver a esas donde he sido muy feliz, hoy sé que Madrid se presiente en un horizonte cercano.

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