Lo que fluye…

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Entre los días acumulados en silencio se coló una mudanza y mucho trabajo. Las tardes y las noches se llenaron de sorpresas, volver a casa y recuperar lo cotidiano es el regalo que trajo junio bajo el brazo.

El cuerpo va hallando su ritmo, el dolor es apenas un sedimento suave y yo disfruto el tiempo a solas con mis libros, con mis pensamientos, con la planificación de los viajes próximos.

Me gusta el sonido del agua sobre los cristales, es un placebo para esta sed intermitente… Tres semanas en que logro estar en mi peso seco, en que se mantiene a raya el líquido, debe ser que sentirse en casa siempre equilibra el corazón y la piel.

La cicatriz de la pierna izquierda aún palpita cuando me acelero, extraño mecanismo para que alzar el vuelo sea un ejercicio de moderación.

Lunes en que la emoción llena las extremidades, en que la lluvia calma las ansias y me dejo ir, obediente, hacia la escritura, día de regresar a hacer el espacio necesario para decirme. Lo mejor es esto que sucede mientras tecleo arropada en el azul de mi cama.

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