La torre

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Hoy fue día de mudanza, así que mientras yo iba a mi sesión de hemodiálisis, Cotita ayudaba a mover ventilador, ropa, pastas, de la mini habitación a una mucho más grande en el mismo piso.

Cuando mis enfermeros de hemodiálisis supieron que cuando terminaran mis cuatro horas tenían que llevarme al cuarto 336, me dijeron “ah, ahora estás en la torre”…

Llegué al nuevo destino caminando sin dolor y Cotita ya lo había impregnado del aroma a cítricos de L’occitane que tanto me gusta. Vi el nuevo espacio y me encantó que fuera circular, también hay una reproducción de un cuadro de Tamayo que yo digo es un pez y Cuau dice que es una foca.

Y lo mejor de este sábado es tener a Cuau a mi lado, nos acostumbramos a dar por sentado el día a día y cuando algo como el hospital nos complica la estancia (Cuau apenas sale del trabajo viene a verme pero entre el tráfico y las obligaciones diarias nuestros encuentros se ven castigados a un par de horas cuando bien nos va) entonces valoramos cada segundo, la permanencia del otro se dimensiona.

Así este sábado de noviazgo en una nueva locación, el Sol iluminándonos a pedazos, jugamos a estar dentro de una nave o un barco, Cuau pone música, nos contamos los últimos días, nos abrazamos, besamos, nos decimos, nos sabemos y recupero a cada parpadeo esa sencillez cotidiana que tiene sabor a paz…

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