Yo te quiero, mi corazón

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Ayer pasa de prisa, llega un diagnóstico: gota. Medicamentos listos y cama preparada, Cuau y yo nos acurrucamos y dejamos que el día trascurra, así sin ponerle ningún freno, se desliza velozmente entre la ventana y la sábana.

Con el dolor rondando olvidé mencionar mi gran logro de ayer, cada tres meses los enfermeros cambian de turno y yo sufro, me aterra pensar quién me puncionará ese día, en ocasiones, si los horarios lo permiten, he llegado a pedir cambio de turno para seguir a aquellos a los que estoy acostumbrada. Estuve tentada a hacerlo así esta vez, pero me convencí de que tenía que confiar, que este año es de retos y que no me podré llevar a mi enfermero estrella al crucero, aunque ganas no me faltan. Así llegué a hemo y me dejé picar por Vero, que nunca me había picado, la sesión estuvo perfecta y algo en mi interior se sentía muy bien, mañana llegaré tranquila porque sé que Vero ya me puede puncionar, un pedazo de reino ganado.

Hoy es el día del ecocardiograma, una especie de ultrasonido para explorar el corazón y descartar que este implicado con los achaques de los últimos días. A las 5 es mi cita, inevitable las ñañaras, pienso en mi corazón y todo lo agradecida que estoy porque contra viento y marea sigue latiendo puntualmente. Pongo mis manos en el pecho y le susurro que tiene que estar bien que aún hay mucho por hacer y ver…

Así este martes en que la mañana es luminosa y lo que viene promete ser mucho mejor, cuando el dolor se apacigua el horizonte, sin duda, se despeja…

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