La mañana siguiente

20140111-115840.jpg

Despierto tarde, el cuerpo se toma su tiempo para recomponerse. La fiebre cansa, desarticula, descara su presencia en esa sensación de latido en las coyunturas.

Noche y madrugada con el sueño intermitente, cada vez que abro los ojos para que el termómetro me diga que todo está bajo control, me topo con la mirada y cuidados de Cuau, vela conmigo, trae las pastillas, los hielos, la mejor medicina es este amor inteligente y entregado.

Casi al amanecer duermo de corrido y tengo un sueño que es un bálsamo para el malestar: estoy en Xalapa, en casa de mis tíos, con mis primas, hermanos y sobrinos, estamos en el patio donde las dos araucarias de mi casa de infancia crecen esplendorosas, estoy feliz de ver que no las arrancaron, que las transplantaron en este sitio.

Tengo ropa muy ligera y de pronto empieza a nevar, la familia va por abrigos, pero yo siento riquísimo cuando los copos de nieve tocan mis hombros y se evaporan, decido correr descalza por la nieve que se va acumulando, hacer angelitos con mi blusa de tirantes y pantalón de verano, nos deslizamos por ella, algo me dice que esto me cura: estar con mi familia y trasladar el recuerdo de esa nevada en París al patio trasero de la casa de mis tíos.

A la mañana siguiente el termómetro marca 37 grados, aún con un poco de resaca por la tempestad, la memoria de la nieve me hace saber que mi sábado será pleno.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s