El sonido del cuerpo

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Entre dormida y despierta coloco el oído sobre mi brazo derecho, lo que escucho me devuelve la sonrisa, son las olas al romperse en la orilla, descubro que mi fístula en la parte superior suena a mar.

La primera vez que sentí la fuerza de mi fístula me estremeció ser consciente de la velocidad con que la sangre llena el cuerpo, después de que unieron la arteria y la vena, el sonido de una vibración tan potente que semejaba un tren no me dejó dormir, ahora sabía de mis ruidos interiores. Me fui acostumbrando a ese ronroneo constante y a palparla para maravillarme con ese movimiento que es la vida.

Este primer día favorito del año, cuando siento que la necesidad de mis playas me inunda, la fístula se vuelve caracola y desde mi extremidad más apreciada regresa lo marino.

Jueves de saborear el mar que habita piel adentro.

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