El brindis y la sed

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Ayer fue la fiesta para los pacientes de la clínica, en un “jardín” que de eso no tenía nada, sin enfermeros solo personal administrativo porque la administradora les dijo que no alcanzó para darles de comer, entonces que si iban no tenían derecho a comer, una vez más muestra la calidad humana.

La avaricia se notaba en cada detalle y ella, la administradora, es el mejor ejemplo de quienes hacen caravana con sombrero ajeno, no le queda claro que si puede hacer una fiesta no es por su generosidad, sino porque hay una empresa detrás y que su papel es administrar los recursos de la mejor manera, no de forma miserable.

Apenas llegué sabía que nunca más volvería a ir a una reunión de estas, era una fiesta tristísima, no había ido antes pero tratando de ser abierta decidí ir este año. Sé que mi disposición a los eventos sociales no es la mejor y reconozco que soy muy grinch, pero me molestaba que no estuvieran mis enfermeros, había algo en el ambiente que no podría describir pero era como ser un invitado de segunda.

No tomé fotos, porque no quería preservar esa sensación de vacío. La administradora mostraba que ella sí se sabía divertir, abriendo el baile, sonriendo con un entusiasmo tal que rayaba en lo sospechoso y enloquecido.

Yo no me hallaba, creo que ver a todos esos enfermos renales como yo, reunidos, me aterraba, veía los bastones, las sillas de ruedas, el desgaste físico, las ojeras… y quería salir corriendo, me costaba trabajo reconocer eso de mí que hay en ellos, eso de ellos que está en mí.

Don Armando, en mi mesa, con un ron en la mano y después de darme unas buenas clases de baile, me contaba que tiene 63 años, que ha vivido plenamente, que tiene 3 en hemodiálisis, que ya no se cuida porque se cuidó toda su vida y terminó enfermo, que está listo para morirse, que no se quedó con ganas de nada y que siempre tiene sed. José Luis, a su lado, nos cuenta del día que no le importó y se tomó una jarra de cuatro litros… Me identifico con el brillo en sus ojos cuando recuerdan la sed saciada…

Días en que la realidad me incomoda, en que ser consciente de la insuficiencia es sentir esa angustia pecho adentro…

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