Los regalos

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Ayer recibo dos libros nuevos de poesía. El primero Teoría del campo unificado de mi querido Jorge Esquinca, regalo de mi adorado Hernán, que en papel de Santa Claus anticipado me hizo el día.

Después me topo en la calle con Francisco Hernández y me regala Cuarteto para Sombras de Alicia Quiñones, camino por Alvaro Obregón sonriente, siento como palpitan los versos dentro de mi bolsa, quiero leerlos ya, pero tengo una cena con amigos y tendrán que esperar hasta esta mañana de jueves, en que despierto antes que nadie para leer muy despacio, paladeando cada palabra, para disfrutar a solas de la poesía.

Día de felicidad absoluta, el placer de encontrar mi reflejo dicho de maneras distintas. De agradecer la generosidad de los amigos y al azar que juega a mi favor.

También de volverme a esperanzar en secreto, pero eso es algo que revelaré solo cuando vea cómo se manifiesta el milagro en mis andares.

Por cierto, hoy hace dos años que puse mi nombre en la lista de espera para recibir un riñón, el órgano aún no llega, pero mientras la poesía siga arribando, yo aprendo a esperar.

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