La contraluz

20131127-114744.jpg

Miércoles de sesión, la sorpresa es que solo gané 1.5 litros, lo menos que he ganado entre una sesión y otra desde que estoy en hemodiálisis. Me peso y desconfío de la báscula, les digo que seguro está descompuesta, vamos a la que no es digital y marca lo mismo, lo veo y no lo creo, quiero bailar de gusto. Me preguntan por qué desconfío de la báscula (me da pudor contestar que mi naturaleza es desconfiada), que si me cuidé no debería extrañarme (flash back a las veces que según yo me he cuidado y la báscula marca 3 litros sin ningún reparo), así que estaré más cerca de mi peso seco.

Anoche no dormí bien y temo no tolerar las tres horas y media. Empezamos con una punción no perfecta, manipulación de aguja, dolor en el brazo, y cuando veo aparecer a la “discapacitadora” (así bautizamos a la capacitadora) el estrés se dispara. Ella estaba de vacaciones y los enfermeros en capacitación se quedaron en mi isla bajo la supervisión de buenos enfermeros, en estos días el ruido disminuyó y se veía cómo avanzaban, hoy todo volvió a ser como antes: puro parloteo, menos consideración a los pacientes y cuando les pedí que se hicieran un lado para que yo pudiera ver la tele, la discapacitadora me vio con cara de muérete, yo pensaba “ya lo escribiré y dejaré ir mi malestar”… Sé que tiene muchos años de servicio en Fresenius, y me extraña porque es de las pocas que es obvio que está como ajena, supongo que ya no encuentra ningún interés en lo que hace y entonces siento pena por ella, debe ser horrible estar en un lugar que no te hace sentir viva, que no disfrutas, donde quieres que se te pague por ver tele y enseñarles a los enfermeros como hacer lo menos posible.

Pasada la catarsis, veo el reloj, falta una hora para mi desconexión y me empiezo a sentir débil, pido que me suban los pies, mi presión marca 90-60, así que está todo bien. Mario, mi enfermero, no está en la isla, es su hora de desayunar, me concentro, no me puede pasar nada si él no está ahí. Regresa, lo veo, y siento como el frío llena todo mi cuerpo, un frío que viene desde muy dentro, le digo que me tome otra presión y me acueste, la lengua hormiguea, la náusea aparece, sé que estoy hipotensa, el baumanómetro marca 75-30. Le llaman al doctor, me ponen oxígeno y dextrosa, intento no entrar en pánico.

Me sujeto de mi teléfono, está calientito y es mi conexión con lo querido, amigos, mails, paisajes, música, está ahí, de todo eso me detengo, me aferro a él como a una mano, mientras lo sujeto pienso en quienes me quieren, de ahí, del corazón de ese aparato flaquito y blanco tomo la fuerza. De a poco voy recuperando, apenas puedo pongo el celular frente a mí, enciendo la cámara, me veo, me detengo en mi mirada, me miro fijamente y con los ojos me digo “esto pasará también”.

Anuncios

8 pensamientos en “La contraluz

  1. Cuánto te admiro! Tu sentimiento de compasión hacia la discapacitadora solo puede venir de un espíritu tan bello como el tuyo.
    Que sustos pasas!
    Desde aquí, te mando mucha buena vibra para que pasen pronto estos tropiezos.

  2. Marisol, espero te acuerdes de mi. Yo te recuerdo con mucho cariño. Admiro mucho tu fortaleza y me encanta tu forma de proyectar tu vida en tus escritos. Gracias por compartirte de esta manera y, casi sin querer, entregar tantas lecciones. Te mando un enorme abrazo.

  3. No dejo de leerte y hacerte compañía. Sólo que a veces me quedo sin letras, sin palabras, reflexionando en esa palabra que escribiste…pasará…me hace eco…pasará…mi admiración, mi afecto y respeto.

  4. Querida Marisol, te sigo y te leo con profunda admiración. Tu capacidad para expresarte a través de tus escritos me llevan a sentir que estoy cerca de ti. De momentos quisiera decirte al oído palabras que te confortarán, sin embargo me doy cuenta que por la forma en que terminas tus relatos la que termina sintiéndose confortada soy yo. Siempre encuentras la forma de ver el lado positivo. Jamás había pensado tanto en el agua, en la sed, en el hielo entre mis labios. Agradezco la oportunidad de leerte de estar contigo sin estarlo. Te abrazo. Alicia Colina.

  5. “Discapacitadores” van y vienen como parte de la vida, es una realidad constante como constante son tantas cosas, pero eso no significa que debemos callar ante eso.
    Te leo y me enseñas tanto. Te quiero mucho.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s