La rutina

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Los domingos es el día que más trabajo me cuesta escribir, mi ritmo baja debido a que es el tercer día sin hemodiálisis y todo parece más difícil, las tóxinas hacen parecer todo cuesta arriba, así que hay veces que claudico y no puedo teclear ni media palabra.

Se queda mudo el diario de la sed. Se me va el día contando las horas que faltan para conectarme y recobrar la energía. Sin embargo, cuando es lunes feriado, el esfuerzo de despertarse para ir a la clínica es titánico. Me entra un resabio de enojo, maldigo no poderme quedar en cama un ratito más, tengo pesadillas donde no llego a mi sesión…

En esta isla no existen los días festivos, máquinas, enfermeros y doctores no paran, aun en mi inconsciencia lo agradezco. La clínica solo cierra el 25 de diciembre y el 1 de enero. Esta maquinaria para permitirnos seguir vivos no descansa. Hay quienes despiertan a las 3 de la madrugada para que yo pueda conectarme y recuperar la cordura aun antes de que el sol alumbre.

Lunes de saber que hay rutinas salvadoras, de sonreír porque la vitalidad ha vuelto.

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