El aprendizaje de la muerte

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Despierto y lo primero que hago, aún antes de abrir bien los ojos del todo, es poner la película Sombras de la noche de Pablo Odell, quien grabó durante un año la vida de Horacio Vázquez-Rial, escritor, historiador, editor argentino español, a quien no he leído y no sabía mucho más de él.

Horacio murió un 6 de septiembre de 2012 debido al cáncer, pero gracias al documento visual de Pablo nos entrena en eso que es prepararse para bien morir. En blanco y negro me descubro en sus reflexiones acerca de la partida, tal vez un domingo por la mañana no sea el mejor momento para descubrir el reflejo en ese otro escritor que traza su historia en un continente distante. Al terminar me quedo un poco triste, un poco en duelo, se impone la necesidad de nadar para asimilar eso que Horacio dice, me dice, esa voz que llega desde su muerte.

Y entonces me pregunto por qué si cuando hay un nacimiento existen una serie de personas ayudando a la madre a traer a la nueva vida al mundo, por qué no existe esa estructura para enseñarnos cómo partir de la mejor manera.

Lo que sabemos de la muerte lo vamos aprendiendo a tropezones, cuando alguien cercano muere. En mi caso esa primera lección quizá la tuve muy pronto, cuando a los 7 años supe que mi papá no regresaría nunca más a casa, entonces la muerte se grabó en la memoria como algo espeso y desagradable, una ausencia aderezada con rezos y lágrimas, con una casa que de repente se llenó de sombras.

Para mí el hospital fue sinónimo de muerte, reconozco que ahí nació mi temor a frecuentarlo. Pero ahora, que la enfermedad me ha enseñado otros caminos, voy entendiendo que el antídoto contra el temor es el conocimiento.

Si bien sé que es en el hospital donde se establece esa lucha para mantener la vida, donde el cuerpo explora los límites, salgo de nadar y le hago prometer a Cuau que no me dejará morir ahí, que me sacará y me llevará a casa y pondrá una canción de Dulce Pontes y me tomará de la mano, respiro entonces tranquila, algo en mi interior se sosiega, sonrío y descubro que me siento como esa embarazada primeriza que desde el día uno planifica que quiere un parto en agua.

Así este séptimo día en que la esperanza se materializa vestida en color carne. En que agradezco que la sombra de Horacio me lleve al lado luminoso de la muerte.

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6 pensamientos en “El aprendizaje de la muerte

  1. Te leo, te encuentro, te descubro, y camino a tu lado lento…la certeza, la crudeza, la desnudez, tu desnudez…me cautivan, me llevan a una vida, vivida en serio, a todo pulmón, a todo vuelo…y te acompaño en presencia ausente y te abrazo siempre

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