El placer de lo hallado

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Ayer fui testigo privilegiada de un levantamiento de cruz, un ritual hermosísimo que se hace en Oaxaca para celebrar el aniversario de la muerte de alguien, una celebración para honrar la muerte. Aquí se cierra el ciclo con colores, sabores y música. A quien despedíamos era el papá de una amiga, don Pedro Vasquez, a quien no conocimos, pero que por las referencias de los demás supimos amaba la música y fue político destacado y por lo que vimos fue un experto en sacarle jugo a la vida, pero la frase que escogió su esposa para definirlo fue “supo vivir feliz”… Entiendo que entonces cumplió su misión en este plano.

También era la despedida a la casa de infancia de sus hijos, la vendieron porque esa casa ya había cumplido su propósito, ahora cada uno tiene su familia y se desprendieron de ella con una gran fiesta, qué lección de desapego.

Pero eso no es todo, durante todos sus años don Pedro se hizo de una gran biblioteca, que ahora fue donada, pero su hija, Ana, que me queda claro heredó su generosidad, nos dijo que podíamos escoger los libros que quisiéramos y llevárnoslos.

Dos fueron los libros que me estaban esperando: uno de Eliseo Diego llamado La sed de lo perdido y una antología de poesía erótica donde vienen textos de dos amigos: Jorge Brash y Jorge Lobillo.

Regalos que me entrenan en el arte de aprender a dejar ir, pero también a recibir…

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