Las pérdidas

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Salgo de la alberca después de una hora y media de estar en mi paraíso particular, ajena a lo que pasa en la superficie. Llego a mi casillero, reviso mi teléfono y veo una llamada perdida de un número desconocido, me baño, me visto, me tomo mi tiempo y antes de salir del gimnasio marco para saber quién llamó…

Escucho una grabación que dice “Bienvenido al Centro Nacional de Transplantes si conoce la extensión márquela ahora”… Cuelgo rápidamente. No conozco el número de extensión, me digo que seguro me llamaron para invitarme a la ceremonia que cada año hacen para reconocer a donadores, eso es muy probable, pero hay una muy remota posibilidad de que hubiera un riñón para mí.

Mi cabeza da vueltas, mi corazón está encogido, en lo que ordeno las ideas, nada de lo que sucede alrededor parece real.

Un septiembre de hace dos años fue mi transplante fallido; en marzo de este año me dijeron que la posibilidad de encontrar un donador compatible conmigo era muy baja (mi sistema inmune es muy fuerte y rechazaría cualquier cosa que no reconozca como mía)… Entonces perdí las esperanzas y empecé a nadar.

Mi nefrólogo, el doctor Correa, me dijo que cuando hubiera un riñón de donante cadavérico tendría prioridad por lo mínimas que son mis posibilidades.

Estoy inscrita en la lista de espera desde el 12 de diciembre de 2011.

Cuando hay un riñón compatible, hacen una llamada al celular y empieza la carrera para llegar a tiempo a la sala de operaciones. Durante muchos meses después de ese diciembre imaginé como sería esa llamada y ahora que me confundo, siento que no estoy lista, que las heridas no han cicatrizado, que amo mi “normalidad” y que me aterra volver a pasar por lo de hace dos años.

Mi mecanismo de defensa ha sido obligarme a que la esperanza no se fundamente en encontrar un órgano para mí, en ser plena con mi máquina, en no esperar…

Pero esa llamada me descoloca, me devuelve de golpe a ese 0.01% donde tendría que apostar el cuerpo por una vida nueva.

Mientras la crisis me cerca y los recuerdos se imponen y me dejan temblando, un mensaje confirma que me hablaron para la ceremonia de reconocimiento. La esperanza vuelve a ser ese espejismo que me agota, que se come el tiempo y me enfrenta a mis demonios.

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6 pensamientos en “Las pérdidas

  1. sabes amiga, me hace muy bien leer tanta sinceridad en tus palabras, de verdad, me hace muy bien. Y asi me siento mas cerca de ti. Entiendo y te entiendo mucho mejor, porque hoy leyendo esto aprendi en cada linea coss nuevas sobre ti, y veo aqui toda tu humanidad. Asi el camino preciosa, con mucho carinio y amor…

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