Primer mes del diario

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Diario de la sed cumplió un mes ayer. Durante 31 días ha sido mi compañero fiel. Nunca imaginé que su existencia sería tan vital para la mía. Me hizo descubrir que no necesitaba esconderme más entre metáforas. Me liberó de una especie de vergüenza inexplicable que me causaba nombrar mi enfermedad.

Ahora puedo decirla con todas sus letras: insuficiencia renal crónica, y saber que me define pero también reconocer esa que soy más allá de mi diagnóstico.

Diario de la sed abrió las ventanas. Cuando tuve días malos, tomaba con más fuerza mi celular (donde últimamente escribo la mayoría de mis textos) y con un dedo sobre las letras me construía un ancla. La atención ya no estaba en el dolor sino en ese otro paisaje que quienes me leen alimentaban.

Estaba abierta, no había más resistencia a ser vulnerable.

Durante 31 días he recibido cartas, mensajes, palabras, que me dejan infinitamente agradecida, que me acarician el corazón y diluyen mis miedos.

Desde esta ventana, la vida parece más amable. Gracias por acompañarme en esta travesía.

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