El olvido

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Domingo de empezar a contar las horas para que mi máquina y yo nos encontremos.

Regreso de Veracruz, mi puerto. Siempre que voy algo en mi interior olvida mi condición médica. Estar en la casa de infancia hace que el cuerpo conecte con esos días donde la sed se saciaba y el olor de las naranjas eran la única medida para saber cuántas de ellas podía comer.

Hoy al despertar un plato lleno de sandía me espera, yo evado pensar en el potasio, mientras mordida a mordida la alegría vuelve, evito pensar en el riesgo que conlleva, este es mi deporte extremo.

Camino descalza, nado, bailo y la hemodiálisis parece un espejismo o un mal sueño, me veo tan entera, que tiento mi suerte y no respeto la dieta. Trato de cuidar la ingesta de agua, pero el calor me tiende trampas y nunca sé cuando parar.

Después, ya en la carretera, aparecerá la fatiga, el conocido dolor de cabeza, la somnolencia y el respirar con dificultad. Los sentimientos enredados: ir al puerto y no ser la de antes, la de siempre; saber que olvidarme de mis límites ahora tiene un precio más alto…

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