El dolor

20130826-085519.jpg

Nunca toleré las inyecciones, así que lo pensé mucho cuando mi doctor me decía que era mucho mejor cambiar el catéter por una fístula.

Aunque el catéter tenía muchas limitantes, su gran ventaja era la ausencia de dolor. Y la fístula, al ir por debajo de la piel, implicaba que cada sesión de hemodiálisis, me picaran con dos agujas del calibre más grande que yo haya visto.

En esos primeros días no podía con el dolor, cuando me puncionaban gritaba y me mareaba. Y la percepción del tiempo se alteraba, todo parecía insoportable lento.

Porque no solo era el piquete sino quedarme con las agujas tres horas y media, el fluir de la sangre empezaba a molestar dos horas antes del fin del tratamiento.

El dolor nubla el entendimiento pero sabía que era mi responsabilidad hacer algo. Fue así como llegué a la hipnosis. En la revista donde trabajaba entonces hicieron un reportaje sobre cómo la hipnosis podía funcionar para aliviar el dolor, entre otras cosas.

Debo confesar que llegué escéptica pero ahora que veo como mi dolor bajó de intensidad, me digo que no me queda claro cómo funciona, sin embargo, mientras tenga sesiones tolerables seguiré siendo fan de la hipnosis.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s