El corazón

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Después del diagnóstico solo podía dormirme con la mano en el pecho, percibir mis latidos me hacía sentir segura.

Seis meses antes de saber de mi enfermedad había hecho un viaje para encontrar el camino a mi corazón.

Había descubierto que estaba tan volcada en no sentir, empeñada en nunca mostrar fragilidad, en ser fuerte a cualquier precio, que había cerrado los accesos a mi centro vital y al empezar 2011 me obligué a reencontrar ese sendero.

Nunca imaginé que la forma de volver a mi esencia tendría que pasar por ponerme un acceso directo al corazón, sin poesía, así literalmente.

Ahora me encuentro con que mi corazón y yo estamos mejor que nunca, acoplados, entendidos. Hoy la coherencia consiste en dejar de negarlo, en obedecer su ritmo o en bailar al son que me toque, olvidando ese espejismo de control que tanto me nublaba.

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