El enojo

Hoy tuve una mala sesión. Hay días así, pero no puedo evitar enojarme. Una mala sesión implica que tuvieron que mover la aguja y eso es doloroso, pero eso no es lo que me molesta, al final he aprendido que el dolor es pasajero. Sino que casi al terminar mi sesión se coaguló el sistema, no reaccionaron de forma rápida y no pudieron regresar toda la sangre a mi cuerpo. Odio perder sangre.

Mi sangre se ha convertido en un bien muy preciado. Parte del trabajo que hace el riñón es regular la cantidad de glóbulos rojos y al tener una enfermedad renal no se producen los suficientes, el resultado es que la hemoglobina se va al suelo y se necesita inyectar eritropoyetina (la hormona encargada de la producción de eritrocitos).

En mi caso cuando la hemoglobina está en 8.5 tengo energía para correr, nadar, bailar… Pero por debajo de eso, me fatigo. Y no me gusta sentirme débil.

Entonces cuando veo la sangre que se queda en la máquina, que me pertenece, que la quiero en mi cuerpo y que no pueden regresarme porque un coágulo en el cuerpo es un riesgo mayor, me descompongo. Me siento a merced de las capacidades de mis enfermeros y no todos se desenvuelven con la misma dedicación y rapidez.

Vuelve mi mayor temor: que sea una negligencia la que me haga no estar. Y de pronto recuerdo que yo no controlo nada, que lo único que puedo hacer es escribir y respirar.

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11 pensamientos en “El enojo

  1. Este año para mi ha sido de aprender mucho de las enfermedades que no tengo pero que también padezco. Tener a alguien cercano con un padecimiento de salud permanente es algo que reta para estar muy atento y aprender cómo puedes ayudar. Es común que escuche que alguien tiene un buen o mal día respecto a su enfermedad. A mi este tipo de comentarios me han regalado una habilidad nueva. Ahora cuando me levanto es común que piense que tengo un nuevo día para inventar. Sin pasado o futuro, solo eso, un día más por inventar.
    A veces que la gente a tu alrededor se enferme de algo sirve para amar más, para entender mejor la vida y para dejar de pensar y comenzar a vivir un poquito más.
    Te quiero Marisloe.
    Me gusta mucho tu bitácora. Se está convirtiendo en una de mis lecturas diarias.

    Bes
    O.

  2. Marisole, aun siento la noticia en mi espalda cuando me enteré de tu salud crítica.

    Dije, mi poeta de cabecera padece algo que no merece. Maldecí, me enojé y finalmente lloré por ti sin que lo supieras.

    Mis nervios recorrieron los recuerdos contigo y las charlas que tuvimos se volvieron a materializar. Las risas se quedaron en mi cerebro y tus lecturas siguen estando presentes en cada metro que recorro en esta nueva ciudad.

    Te lo diré de nuevo, te quiero Marisole, si pudiera arrancaría tu enfermedad y la pondría 10,000 metros bajo tierra para que no la sufrieras.

    Admiré, admiro y seguiré admirando tu fortaleza, esa piel gruesa que se hace con los problemas que enfrenta uno.

    Seguiré tu blog, tu vida y tus fotos que nos regalas cortesía de tu iphone.

    Un beso y abrazo de 220 km.

  3. Espero pronto se repita la historia que me leas mientras conduzco hacia un lugar donde podamos comer, beber y reir.

    Se que pido mucho, pero a final de cuentas soy privilegiado de tener tu cariño y por eso es que lo pido.

    Sigo tus líneas.

    @leonblanco

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